De la Edad Media a la Edad Moderna
Dios era el centro en la Edad Media. Ahora, el centro es el hombre; el hombre que penetra en los secretos de la naturaleza y por eso se entrega al arte y a los descubrimientos; el hombre que se mete a fondo en el comercio y la industria, creando ya el régimen capitalista. El hombre, como en el período de los clásicos, vuelve a constituirse en “medida de todas las cosas”. Al hombre inculto y aferrado a la tierra, propio de la Edad Media, le suceden el mercader y el viajante.
Este hombre moderno es más independiente, todo lo pasa por el tamiz de su libre examen del subjetivismo y de la crítica. Este hombre está más expuesto al indiferentismo religioso y al ateísmo materialista. La religión se fue considerando como algo privado de la conciencia de cada cual, que no cae bajo la jurisdicción del estado y ni siquiera de la Iglesia.
La Iglesia también sufre el influjo de esta modernidad. Ya se había debilitado mucho la autoridad papal, por las causas que ya hemos visto: la doctrina conciliarista que se iba abriendo campo en el campo teológico, el papado en Aviñón y el cisma de occidente, que entristecería a la cristiandad en tantos años. Se inicia la vida mundana de algunos papas, que más parecen príncipes terrenales que pastores de la Iglesia; más preocupados del arte y de embellecimiento exterior, que del bien de las almas. También muchos personajes del alto clero frecuentaban más los salones de fiestas que el confesionario, dejándose llevar del bienestar y del lujo.
Decae, pues, el prestigio de la Iglesia, a la que ahora se intenta subordinar a los intereses del estado.
Como consecuencia de todo esto, aparecen los primeros librepensadores, se abre el culto a la razón que hace su entrada en las universidades por medio del averroísmo y de las ideas panteístas; la literatura paganizante de Boccaccio, del Arcipreste de Hita, y de otros más atrevidos, sirve de solaz a damas y caballeros. El tema del ridículo, aplicado a las cosas y a la personas eclesiásticas, se agudiza cada vez más, dando materia inflamable a los primeros reformadores.



